🔥 La noche anterior, Mario y Laura estaban en la cama, desnudos y excitados, planeando su siguiente juego prohibido.

Laura acariciaba lentamente la polla dura de su marido mientras le hablaba al oído con voz suave y perversa:

—Quiero que mañana venga un técnico de verdad. Alguien que no sepa nada de nuestro juego. Yo me pondré ese vestidito blanco super corto, sin bragas ni sujetador. Tú te harás el dormido en la habitación, pero dejarás la puerta entreabierta para poder mirar todo. ¿Te gusta la idea, mi cornudito mirón? 😈

Mario respiraba agitado, sintiendo cómo la mano de su mujer subía y bajaba por su verga.

—¿Y si se pone cachondo y quiere follarte? —preguntó con la voz ronca de excitación.

Laura sonrió con malicia y apretó un poco más su polla.

—Entonces le dejaré que me toque… que me meta los dedos… y si quiere, que me folle como una puta delante de ti. Tú solo mirarás y te correrás como el cornudo que eres mientras otro hombre usa a tu mujer en nuestra casa. ¿Eso es lo que quieres? 🔥

—Sí… joder, sí —gimió Mario, y se corrió fuerte en la mano de Laura solo con imaginar la escena.

Por eso, esa mañana todo estaba perfectamente preparado.

Mario se metió en la cama con el pijama puesto, simulando que dormía después de un turno de noche. Dejó la puerta del dormitorio entreabierta apenas diez centímetros, lo justo para tener una buena vista del salón y escuchar cada sonido.

Laura se había puesto el vestidito blanco elástico, tan corto que apenas le tapaba la mitad del culo. Sin bragas, sin sujetador. Sus pezones se marcaban claramente bajo la fina tela. Se maquilló ligeramente, se perfumó en el cuello, el escote y entre las piernas, y esperó.

El timbre sonó exactamente a las once.

Laura abrió la puerta con una sonrisa dulce y provocadora.

—Hola, eres el técnico, ¿verdad? Pasa, por favor. El aire acondicionado del salón lleva días fallando. 😊

Carlos entró. Era un hombre de unos treinta y cinco años, alto, fuerte, moreno, con el mono de trabajo gris bastante ajustado. Llevaba una caja de herramientas en la mano.

—Buenos días. ¿Dónde está el split que falla?

—Allí arriba —señaló Laura—. Mi marido está durmiendo arriba porque tuvo turno de noche, así que tenemos que hablar bajito, ¿vale? 🤫

—Tranquila, intentaré no hacer ruido —respondió Carlos, todavía muy profesional.

Laura colocó la escalera de tijera justo debajo del aire acondicionado y se puso al lado, sujetándola con ambas manos.

—Sube tranquilo, yo la sujeto para que no se mueva.

Carlos subió los primeros peldaños. Desde abajo, la vista era completamente obscena. El vestidito corto de Laura se levantó solo, dejando al descubierto su culo redondo y firme, totalmente desnudo. Sus labios vaginales, ya hinchados y brillantes de humedad, quedaban perfectamente visibles entre sus muslos.

Carlos se quedó paralizado un segundo, con la herramienta en la mano, mirando fijamente el coño expuesto de Laura.

—Señora… se le ve todo —murmuró, claramente nervioso. 😳

—¿Todo? —preguntó ella con falsa inocencia, girando la cabeza hacia arriba para mirarlo—. ¿Te molesta que se me vea el culo? 😉

—No… joder, no me molesta para nada —respondió Carlos con la voz ya ronca.

Laura, sintiéndose poderosa, subió un peldaño más de la escalera, quedando con el culo casi a la altura de la cara del técnico. Se pasó una mano por la nalga derecha, la abrió lentamente y le mostró su ano rosado y su coño chorreante.

—Puedes mirar todo lo que quieras —susurró con voz cargada de lujuria—. Mi marido está profundamente dormido… y a mí me excita mucho que me miren el coño. 😈

Carlos bajó de la escalera sin apartar la vista de ese culo perfecto. Laura se dio la vuelta, apoyó las manos en el respaldo del sofá, arqueó exageradamente la espalda y le ofreció su culo como una perra en celo.

El técnico dudó solo un instante. Luego puso sus manos grandes y ásperas sobre las nalgas de Laura y las apretó con fuerza, separándolas.

—Hostia puta… qué culo más rico tienes —gruñó Carlos. 🔥

Laura gimió bajito y empujó su culo hacia atrás, rozando su coño mojado contra el bulto que ya se marcaba en el mono de trabajo.

— Tócamelo… —suplicó en voz baja—. Méteme los dedos. Quiero que veas lo mojada que estoy por ti. 💦

Carlos no se hizo de rogar. Deslizó dos dedos gruesos entre sus labios y los hundió hasta el fondo de un solo empujón. Laura soltó un gemido ahogado y abrió más las piernas.

—Joder… estás empapada —dijo el técnico, moviendo los dedos con fuerza dentro de ella.

Laura miró hacia la rendija de la puerta sabiendo que Mario estaba allí mirando todo y sonrió con malicia.

—Más fuerte… Fóllame con los dedos como si fuera tu puta. 😈

En ese momento, la puerta del dormitorio se abrió completamente.

Mario salió caminando despacio, con la polla dura y goteante en una mano, completamente expuesto. Su pijama estaba bajado hasta los tobillos.

Carlos se quedó congelado, con los dedos aún dentro del coño de Laura.

—¿Qué coño está pasando aquí? —murmuró sorprendido. 😲

Laura giró la cabeza, miró a su marido con los ojos llenos de placer y dijo con voz entrecortada:

—Tranquilo… Le encanta mirar. Es un cornudo mirón. Sigue follándome, por favor. No pares. 🔥

Carlos tardó unos segundos en entenderlo todo, pero al ver que Mario no se enfadaba y que se estaba masturbando mientras los miraba, una sonrisa oscura apareció en su rostro.

—Joder… estáis bien enfermos los dos —dijo, pero en lugar de sacar los dedos, se bajó rápidamente la cremallera del mono. Su polla gruesa y venosa salió dura como una piedra—. ¿Quieres ver cómo me follo a tu mujer? Pues míralo bien, cornudo.

Se colocó detrás de Laura, escupió en su mano, frotó su polla y empujó con fuerza. Su verga gruesa abrió los labios de Laura y se hundió hasta el fondo en un solo empellón.

— ¡Aaaahhh! —gimió Laura fuerte, sintiéndose completamente llena.

Carlos empezó a follarla con golpes duros y profundos, agarrándola fuerte de las caderas. El sonido húmedo de su polla entrando y saliendo del coño chorreante llenaba todo el salón.

Mario se acercó, se arrodilló delante de Laura sobre el sofá y le puso su polla dura justo delante de la boca.

Laura abrió los labios sin dudarlo y se la metió hasta la garganta, chupándola con ansia mientras recibía las brutales embestidas de Carlos por detrás.

—Qué puta estás… tomando dos pollas a la vez en tu propia casa —gruñó Carlos mientras la follaba salvajemente. 🔥

Mario sujetaba la cabeza de su mujer y le follaba la boca con movimientos cada vez más rápidos.

Laura estaba en el paraíso. Gemía ahogada alrededor de la polla de su marido, su cuerpo temblaba con cada embestida.

Finalmente, Carlos dio un último empujón brutal y se corrió dentro de ella con un gruñido animal, llenando su coño de chorros calientes y espesos de semen.

Casi al mismo tiempo, Mario sacó su polla de la boca de Laura y se corrió violentamente sobre su cara y sus tetas, cubriéndola de leche espesa.

Laura explotó en un orgasmo brutal. Su cuerpo se convulsionó, sus piernas temblaron sin control y soltó un grito ahogado de placer mientras su coño apretaba la polla de Carlos.

Cuando terminaron, los tres respiraban agitados.

Carlos sacó lentamente su polla del coño de Laura, dejando que un hilo espeso de semen cayera al suelo. Miró a Mario y luego a Laura, que tenía la cara y las tetas cubiertas de semen.

—Vaya… esto ha sido la hostia. No me lo esperaba para nada hoy —dijo con una sonrisa satisfecha. 😏

Laura, aún a cuatro patas y jadeando, se pasó la lengua por los labios saboreando el semen de su marido y sonrió:

—Cuando quieras volver a “revisar” el aire acondicionado… ya sabes dónde estamos. 😈

Mario, todavía de rodillas con la polla goteando, solo pudo sonreír, completamente satisfecho y feliz con su rol de cornudo mirón.